rutas a caballo | formación reglada

¿Qué cambia en nosotros cuando estamos entre caballos?

IMG_3794 2

Al estar entre caballos se despierta en nosotros un sinfín de sensaciones y emociones, y otras en cambio, se acallan, llegando incluso a silenciarse, devolviéndonos de nuevo la agradable sensación de sentirnos presentes.

Al estar entre una manada, no solo sentimos presencia… sino que sentimos algo más profundo, difícil de explicar, pero imposible de ignorar. Los caballos despiertan algo en nosotros: es como una admiración, una atracción silenciosa y curiosa, un respeto innato, presencia y calma, entre cosquilleos internos, de ternura y fascinación.

Sin duda es un animal poderoso, con una fuerza tremenda y una sensibilidad extrema.

Nos hacen de espejo emocional

Los caballos perciben nuestro estado emocional y reaccionan hacia lo que sentimos, invitándonos a ser nosotros mismos, transparentes y auténticos. Al estar entre ellos, no podemos fingir, ya que nos devuelven una imagen honesta de nuestro estado interno. Huelen nuestros estados emocionales y reaccionan ante ellos, si sentimos miedo nos mostrarán ese miedo e inseguridad, si estamos nerviosos se agitarán incómodos, y si mostramos calma y apertura su respuesta será un acercamiento pausado y curioso.

Sin duda nos muestran nuestra propia vulnerabilidad si somos capaces de realizar una escucha atenta y silenciosa.

Cambia algo muy profundo, difícil de explicar, pero imposible de ignorar.

Presencia y conexión con el momento presente

Al estar entre caballos sentimos su propio ritmo, un ritmo ajeno a la prisa, que nos invita casi sin darnos cuenta a desacelerar, a olvidarnos de las urgencias y a entrar en un estado más calmado y consciente. Es como si, poco a poco, fuéramos sintonizando con su manera de habitar el mundo.

Su presencia cautelosa y atenta nos envuelve, nos observan sin juicio y nos sostienen desde esa calma firme. En ese espacio compartido, algo en nosotros empieza a asentarse. Nos conectamos a tierra, al cuerpo, a la respiración… y desde ahí podemos empezar a sentirnos de verdad. No desde la mente acelerada, sino desde nuestra propia presencia.

El ritmo de los caballos nos ralentiza de una forma casi imperceptible, pero poderosa. Y en ese proceso, podemos experimentar cómo el tiempo, tal y como lo conocemos, parece diluirse. Dejamos de correr y, por un instante, simplemente somos.

Nos conectan con la naturaleza y lo ancestral

Los caballos tienen algo difícil de nombrar, una cualidad que va más allá de lo visible. Hay en ellos una presencia que se siente antigua, intuitiva, profundamente conectada con la tierra y la naturaleza. Algo que despierta en nosotros una memoria lejana, como si reconociéramos en su mirada o en su energía una parte olvidada de nuestra propia historia humana.

Esa conexión nos devuelve al presente. Nos recuerdan, sin palabras, cuánto nos hemos alejado del ritmo natural de la vida y de nosotros mismos. Y al mismo tiempo, nos ofrecen la oportunidad de volver, de reconectar con esa parte más intuitiva, más simple y más auténtica.

Estar con ellos es, en cierto modo, un reencuentro: con la naturaleza, con lo esencial y con nosotros mismos.

Àlvar entre la manada
Àlvar entre la manada
Los caballos tienen algo difícil de nombrar, una cualidad que va más allá de lo visible.

Beneficio emocional

Al estar entre ellos y formar parte de su mundo, algo cambia en nosotros, como si algo interno se reajustase: el ruido mental disminuye, las preocupaciones se diluyen y la mente se pausa. La respiración se vuelve más serena y amplia, y poco a poco entramos en un estado más sintonizado.

A medida que esto ocurre, aumenta la sensación de calma, de confianza y de seguridad interna. Nos sentimos más presentes, más conectados con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea. Y desde aquí, desde este lugar más sereno, podemos experimentar una forma de bienestar más auténtica y duradera.

¿Cuándo fue la última vez que te permitiste parar y simplemente sentirte?

Comparte esta historia...